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Corazón granada

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Su corazón era como una granada. Un arma perniciosa y letal. Lo guardaba bajo llave en su arcón para que nadie pudiese tentarlo e inmune a una posible explosión. En sus lágrimas liberaba pólvora. Guarecida siempre su munición. Su risa, inocente, escudaba su situación. Su mirada lanzaba balas en defensa A todo aquel que intentase tocar su pensamiento. Ella era una fortificación, Una trinchera en la que mantenerse a salvo. Un interior en ruinas que busca ser abrigado. Sus muros, aunque agrietados, se restauraban cada noche en el coloquio con la luna. A veces, dejaba abierto un ventanal a ciertos sujetos extraordinarios que lograban su cordialidad. Pero siempre temerosa de que le causase algún temblor que abriese la granada con descuido y la hiciese de nuevo detonar. De ser así las ruinas volverían, El corazón nuevamente deteriorado, Un nuevo núcleo que reparar, y las manos anegadas de ansias de libertad. A la mañana siguiente comenzaría la misma historia: repararía sus murallas, bar…

La historia

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Hace un tiempo visite las ruinas de un templo. O más bien, lo que queda de él. Y escuche decir a una chica que era aburrido, que solo eran un montón de piedra.  Y me dolió. Si, son rocas desgastadas  que juntas forman un todo, pero que quedaron abandonadas a su suerte, o a la de aquellos que se lo encontraron  y decidieron cuidarlo. Tiene arrugas, grietas y daños,  que marcaron el pasar de sus años pero que con cada pedazo escriben su pasado.. Tiene cicatrices y arañazos  de todo lo que un día sufrieron sus costados. De todo lo que ha llegado a ser, vivir y padecer. Pero también esconde belleza, cultivando siempre la memoria. Solo hay que preguntar a su mirada gris,  a la erosión de sus esquinas, sus costillas, Y responderá las dudas.
La historia es como un anciano  con muchas ‘’batallas’’ que contar. 


(Fotografía propia)

Alturas

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La vida. Montañas. Horizontes claros y otros más oscuros. Cielo azul. Silencio. Y allí se vio. Tan alta. Sola. Rodeada de la nada. O del todo. De aquella naturaleza tan irrealmente real. El frío, el gélido viento, le congeló las mejillas, que dolían al no poder dejar de sonreír, aunque lágrimas lloviesen de aquella mirada nublada. Y lo hizo. Se observó. Se creía pájaro en las alturas pero olvido que no eran alas lo que tenía en aquella cumbre, sino plena utopía. Porque así es la vida.

Fátima B.


(Foto de Paula Rincón)

Hay golpes más fuertes

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‘’Hay golpes en la vida más fuertes que saltar desde un acantilado’’ Escuche decir eso en una película y tenía toda la razón. Nunca he saltado al vacío, al menos literalmente, y mucho menos desde un acantilado. No sé el dolor que eso te causa, pero lo puedo imaginar y por ello no quiero, ni necesito, comprobarlo. Pero un día cualquiera, de un mes cualquiera de un año cualquiera, pasa. Te dan una noticia que sacude tus sentidos. Mas clave que cualquier punto débil de cualquier milímetro de tu cuerpo. Y te paraliza por completo. La mente se apaga. El cuerpo cae rendido a la oscuridad. Y nos quedamos totalmente K.O. El pánico se apodera de nosotros y no sabemos qué hacer ni que pensar. Son esos golpes los que hacen que parezca que la vida te cambia por completo, en un solo segundo.
Esas caídas duelen mucho mas que saltar desde aquel acantilado. Pero a veces tú eres más fuerte que cualquier golpe que intente romperte.





Fátima.



                                                                               @lifesphot…

Reflexiones frente al espejo

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Hoy me he vuelto a ver. Me he mirado al espejo y he visto a la chica que fui. Esa que se peinaba con el flequillo hacía el lado derecho, siempre, pero no de forma libre, sino caído para ocultar sus facciones. Con la simple pretensión de intentar disimular sus expresiones de timidez, aunque lo que no sabía era que las destacaba más aún. Esa chica que no sabía maquillarse, porque le daba pereza hacerlo salvo en ocasiones muy muy especiales. Esa que coleccionaba muchos sueños pero que nunca creía poder cumplirlos, no por el hecho de ser difíciles, sino por ser ella en concreto. Esa que escribía sus miedos y los guardaba en un cajón porque sentía que así desaparecían antes. Esa chica observadora que inventaba mil historias dentro de su cabeza con cualquier detalle que viese, leyese u oyese. Porque uno de esos sueños que nunca pensaba poder cumplir era escribir, tener su propio libro entre sus manos, aunque sabía que solo llegaría es escribir en lo privado de unos teclados y su pantalla de…

Tememos

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Tememos al futuro. A lo que llega incierto, a lo que aún no percibimos del boceto.
Tememos a las olas, que, con decisión, se acercan en la lejanía y golpean con fuerza las rocas.
Tememos el cartel de anónimo. Lo desconocido. Porque nos rendimos al miedo.
Tememos a lo insólito, como el homínido temió al descubrir el fuego.
Tememos y vivimos perdiendo. Extraviando proyectos. Desperdiciando sueños.


Fátima.




Batalla de dos cuerpos

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Quiso ser su mayor secreto. Quiso guardarlo entre sus labios aunque solo fuese por momentos. Fueron un tratado mal resuelto. Roto por su propia aspiración y empeño. Que tan solo esas paredes pudiesen saberlo, que fueran cómplices de este asalto. Un conflicto de dos cuerpos, enfrentados, que luchan entre el frenesí del tiempo. Pasión de dos vasallos rendidos ante el deseo. Uñas que dejan las heridas de esta contienda. No quiso paz si no guerra. No quiso vida sin hazañas. No quiso morir en balde  sin probar antes sus balas. Llegó para conquistar el mapa. Un mapa trazado entre sus lunares. Lunares que dejaron en su espalda marcada la estrategia.